Los créditos hipotecarios con tasa de interés variable se caracterizan porque la tasa a la cual se fija el crédito varía cada año de acuerdo a un índice de referencia, que es la tasa mínima a la cual los bancos pueden prestar sin perder dinero. Sobre este valor, los bancos agregan los márgenes necesarios para cubrir los costos de administración de los créditos, sus riesgos y la ganancia que pretenden obtener.
Una tasa variable hace que el dividendo a pagar varíe cada año y por ello es recomendable cuando se esté dispuesto a correr el riesgo de pagar mayores dividendos en los períodos de tasas altas, a cambio de pagar montos menores en los períodos en los que las tasas sean inferiores. Consecuentemente, las tasas hipotecarias variables son revisadas anualmente por los bancos, momento en que el cliente puede optar si seguir con esa modalidad o cambiarse a una de tasa fija.
En momentos de tasas bajas con expectativas de control inflacionario y una economía estable, este tipo de tasas puede ser una buena alternativa. No obstante, es importante evaluar el componente de riesgo mayor debido a la eventual variación en las tasas, lo que podría significar incluso llegar a pagar doble del dividendo.